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Pétalos de magnolio de hoja caduca (Imagen: Rafael Hernández Urigüen) |
POEMA 21 DE FEBRERO DEDICADO A CIENTO VEINTE MIL DE LOS QUE NO
NACIERON
(Poema de esperanza para las mujeres víctimas del aborto y a sus bebés no-nacidos)
Introducción:
Perdonad
mi turbación a un mes de la primavera, este viernes 21 de febrero, el aroma de
mimosas prematuras y tantos magnolios desprendidos de sus pétalos perfumados,
han trastornado mi habla. Hoy, desmañado, balbuceo palabras entrecortadas.
Presto mi voz temblorosa a los más de cien mil no nacidos; camino por las
aceras y esquivo pisar las rosas que se
esparcen por el suelo pues me evocan la belleza de sus almas.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
Tu chico el machito perfumado te ha
dejado embarazada entre aromas de Loewe.
Diseñasteis la aventura hace tiempo.
Te apetecía lo
nuevo y excitante.
Deseabas ser distinta y rompedora.
Él no quiso protección (así llaman al condón sus puritanos… mentores).
Porque prefirió sentir a su manera sensations,
diferentes y al instante.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
Mi querida durmiente asfixiada por
manzanas del marketing y las fashions que os convierten en esclavas.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
Los Cuarenta
principales y unas series te comieron la cabeza con el sexo.
Tu chico que es bueno y comprensivo (su mamá decía que ni fumaba ni bebía ni
tampoco era muy dado a las drogas) hoy te empuja a abortar en cuanto puedas.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
Su amá y su aitá corren con todo, “no gastarás ni medio euro”. “Tampoco”, dicen,
“sufrirás nada”.
La psicóloga, matrona y esa cirujana de
voz suave melosa y persuasiva proceden y
te arrancan en silencio la joya que tus entrañas celaban, el tesoro de una vida en crecimiento.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
Tu chico el machito perfumado acaba de
librarse de tu peso.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
Tus entrañas empiezan a enfriarse y una
nada insoportable, poco a poco, avanza matándote por dentro.
Como un Doner kebab de Amara zaharra, a las cuatro en punto de la tarde, tu vientre cálido y
fecundo se marchita, poco a poco, vacío seco y yermo.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
Sola, sola, sola, nadie quiso ir contigo,
susurrarte palabras, infundirte algo del humano aliento; para acoger aquella
criatura darte una mano, esku bat emateko,
y dejar que fueras madre… plenitud de mujer
y sentimientos.
¡Buenos
días, egun on, mi princesa Blanca Nieves!
¿Verdad que no volverán a engatusarte? Te
acompañamos muchos con afecto ilimitado hacia la vida que anhelas sin saberlo
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!.
Llegaste a esta Europa sola y fría huyendo del hambre de tu
pueblo.
Tu ilusión fue quedando congelada
mientras ellos te explotaban sin
remedio.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
Encontraste un poco de calor con otras
cuatro confinadas en la misma habitación.
El casero sólo
doscientos euros al mes a cada una cobraba,
además a tocateja, cuatro cuartos en el
piso de su amona hacinaban hasta
dieciséis, obteniendo únicamente…
tres mil doscientos.
Os hacía un gran favor, aseguraba, su
meliflua voz de limosnero.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
Qué buen ciudadano el casero solidario,
progresista hasta el extremo, antirracista de boca, indignado por el hambre y
la pobreza, activista antisistema, catador del Armagnac, Chivas, e ibérico.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
Tus amigas te invitan hoy para ir de fiesta.
El local vibra con la salsa, el calor
sube y sube en el ambiente…
Y ya sin casi darte cuenta un matón de
discoteca en sus brazos te retiene.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
Mi princesa Pocahontas unas copas de más
te van llevando al lugar que ni imaginabas ni tú quieres.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
Notas ya que tu bebito empieza y te hace sentir madre. Mamá dulce amorosa… mami entrañablemente tierna.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
El macho no asume ser padre y como es bueno promete subvencionarte un
aborto, eso sí, garantizado.
Tú no sabes qué hacer, pero eres
arrastrada a la fuerza y en la Plaza Easo, Askabide
un local que apesta a Auschwitz, en poco tiempo, te arranca la vida que comienza.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
Sola y con el alma hecha jirones, lloras
mientras cuidas de un anciano. Es el aitona del casero.
Mientras le cambias sus dodotis todo apesta a engaño, el de tu
chico el casero y los médicos.
Nadie quiso acompañarte te ocultaron la
belleza de ser madre.
¡Buenos
días, good morning, mi princesa Pocahontas!
Amanece hoy 21 de febrero. Salpica el sol
rojo, oro y fucsia desde Aia, entre nubes, junto a los gritos silenciosos de ciento
veinte mil que no nacieron mientras sus ecos contra las peñas rebotan.
Discuten sobre ellos los políticos para
condenar a unos e indultar a los privilegiados que la nueva ley ampara. “¿Ampliamos,
restringimos los supuestos?” Vocifera el hemiciclo protegiendo, sobre todo, gestionar bien sus números de votos y el
puesto en el Congreso.
¡Buenos
días, egun on, good morning, mis princesas Pocahontas, Blanca Nieves!
El fauno barbado y orejudo que sirvió a
un bambi-bomba venenoso escupe sus palabras demagógicas: “Proteger al
feto obliga a la mujer a ser madre” afirma sin ponerse colorado. Onintza vocifera
con líricas sentencias:
"En mi
tal
y en mi moño mando yo".
“Pero, ¡perdón!, señorías”, grita el ángel invisible y silencioso: “¿No
contradice el derecho permitir que el niño muera? ¿A quién se le faculta tal
bárbara condena?”
¡Buenos
días, egun on, good morning, mis princesas Pocahontas, Blanca Nieves!
Entre el rojo, fucsia y oro,
Venus se retira a la aurora para avisar a María que teja, cuanto antes, ciento
veinte mil chaquetitas con la lana de colores azul rosa que el Cordero
Inmaculado regaló a los txikis
inocentes. La primicia de su piel santa y pura, flagelada, y cosida al madero,
que verdea desde entonces como Árbol de la Vida verdadero.
¡Buenos
días, egun on, good morning, mis princesas Pocahontas, Blanca Nieves!
María, Salomé, la Magdalena, e incluso la
María de Santiago, no dan ya abasto mientras tejen miles de rebecas: las rosas destinadas a
princesas, otras azules para sus hermanos que soñaron de mayores afeitarse barbas y bigotes en un futuro
repleto de ilusiones.
¡Buenos
días, egun on, good morning, mis princesas Pocahontas, Blanca Nieves!
Sus pequeñas altezas no serán entronizadas.
Sus madres que vivieran no quisieron y los machos, fugitivos perfumados,
sudorosos, presionaron ofreciendo ingentes cantidades de dinero.
¡Buenos
días, egun on, good morning, mis princesas Pocahontas, Blanca Nieves!
Ciento veinte mil ángeles, al menos,
miran sin cesar al Padre eterno. En primera fila, contemplan la Belleza Una y
Trina. Ponen voces a los niños no-nacidos del silencio, preparándoles skates de gloria. En las pistas han
situado úes gigantes para que 120.000
evolucionen con sus Ollies, Fakiees, Airs, Grinds, Slides e incluso Goofyes. Podrán desarrollar triples
mortales sin peligro a perecer, niñas y niños en interminable danza, mientras
duermen disfrutando placenteros del Amor que en la tierra no les dieron.
¡Buenos
días, egun on, good morning, mis princesas Pocahontas, Blanca Nieves!
Desde el Cielo. Mientras juegan, los
infantes os susurran con afecto: “Amá, Mami, ¡Os queremos! Intentad, esta vez,
ser muy felices. ¡Acoged las nuevas vidas ya sin miedo”!
¡Buenos
días, egun on, good morning, mis princesas Pocahontas, Blanca Nieves!
Cuenta atrás de primavera esperanzada
hoy, un viernes 21 de febrero.
Rafael
Hernández Urigüen, San Sebastián-Donostia, 21 de febrero de 2014